sábado, 14 de abril de 2012

Desde mi ventana

     Hoy, estaba en la cocina y oí un trino por la ventana abierta, estaba bastante cerca, y como suelo hacer habitualmente me asomo a ver quién canta, ya que yo soy un poco duro de oído y no reconozco demasiadas especies por el canto. Había una hembra de pardillo en una rama, cogí la cámara y llegó el macho, una foto y se marcharon los dos.

Macho y hembra de pardillo común.

     Aunque vivo en Salamanca, no me puedo quejar de la ubicación, mis ventanas dan al sur y al este, vivo en un primero pero de bastante altura, por lo que no molesta la gente de la calle y los árboles del parque me quedan a la altura de la vista.

     La visión de de la pareja de pardillos me ha recordado que hace seis u ocho años la situación, al menos desde el punto de vista ornitológico era muchísimo mejor. La biodiversidad que me rodea ha caído en picado. Me explicaré con  imágenes.

Vista desde la ventana este.
     Hacia el este, separada por una calle y una tapia de ladrillo y tela metálica tengo una residencia de ancianos, hace muchos años fue un colegio, por lo que mi ventana da al antiguo patio, con campos de fútbol, baloncesto, un frontón y una piscina, todo ello en desuso y comido por la hierba. Este último año han podado toda la vegetación que había frente a mi ventana, antes, de la piscina sólo veía un cacho de muro y la esquina donde está la escalera, tampoco veía la galería que ahora se ve con sillas y mesas rojas. Todo lo demás era vegetación. La valla también estaba cubierta de una espesa hiedra, que han cortado por abajo, por lo que lo único que quedan son unos restos secos encajados en la tela metálica. En esa zona había un dormidero invernal de más de 200 pardillos, se movían y criaban currucas, herrerillos, carboneros, ruiseñores, mirlos. Ahora quedan muy pocos de esos moradores, una pareja de urracas, un par de ellas de tórtolas turcas. El dormidero desapareció hace tiempo. Un invierno incluso pedimos permiso y estuvimos anillando un par de tardes de invierno, muy cómodos por cierto, al lado de casa, y las esperas las hacíamos en la zona acristalada de la galería, que es el extremo de la cafetería de la residencia, calorcito, cervecita, buen plan.

Vista desde la ventana sur.
     Por el sur tengo otro edificio, separado del mío por un pequeño parque que se extiende por toda la trasera del edificio, en la línea pegada a mi edificio hay unos árboles, que algún año me han deparado la sorpresa de la cría de una pareja de paloma torcaz a la altura de los ojos. Justo en el extremo opuesto, cuando me vine a vivir aquí hace 15 años,  había un seto muy tupido que era refugio de pajarillos, crió algún jilguero, currucas y demás. No se qué mente pensante fue la que protestó al Ayuntamiento aduciendo que era refugio de ratas (jamás vi ninguna) y se lo cepillaron.

     La vista hacia el sureste es una amplia extensión sin edificios altos, puedo ver choperas que delatan la presencia del río Tormes, zonas residenciales con chalets unifamiliares rodeados de huertas. Ya lejos, así que no estorba demasiado la vista el municipio de Santa Marta, y en el horizonte se vislumbra la sierra de Béjar.
En definitiva, no me puedo quejar, pero si no hubiesen hecho las actuaciones que he mencionado, tendría muchos más pajarillos que los que tengo.

4 comentarios:

  1. Una ventaja tener esto delante. Saludos desde mi terruño.

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    1. A mí si que me dá envidia (siempre sana) de tu terruño.

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  2. Desde mi ventana yo también vivo en Salamanca, lo más interesante que he visto es una pancarta que ponía nunca mais, no tengo más que la fachada de otro edificio, aunque hay un o un poco más bajo que siempre miro por si alguna vez puedo ver algo más que las palomas que eso si se posan de vez en cuando en mi ventana, me alegra que tu puedas ver y fotografiar otras especies y que las compartas con nosotros, saludos.

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