miércoles, 14 de noviembre de 2012

Nunca mais


     Hace ya diez años de la marea negra provocada por el Prestige, diez años de la mayor tragedia ecológica de nuestro país. Coincidiendo con la efeméride vuelven a la memoria imágenes de aves petroleadas, de la magnífica imagen que dio este país con la marea de voluntarios que entraban en las negras playas y la penosa imagen que dieron políticos y administradores.

     A mi pobre entender fue esta tragedia el mayor fracaso político y de gestión con que se ha enfrentado este país en muchos años. El accidente no fue otra cosa que eso, un accidente, pero luego la gestión de ese accidente fue malo no, peor. Dejando a un lado lo viejuno del buque y demás, una vez que se ha producido la vía de agua, una vez pasado el tiempo parece que la mejor opción habría sido meter el barco en algún lugar resguardado y  ahí esperar la marea negra, se habría destrozado una zona pequeña y controlada. Esta opción debió ser una de las primeras ofrecidas por los técnicos, pero en este país las administraciones están dirigidas por cargos de libre designación, designación política, que habitualmente son estómagos agradecidos que tienen que mirar muy mucho por su sillón y por el de su amo. ¿Cómo vamos a meter un barco a punto de hundirse en una ría y cargárnosla? Solución, empezamos a pasear el barco por la costa, de arriba a abajo, de norte a sur, ¿esperando a qué?.


     Por otro lado, el armador y su representante, el capitán, negociando con los remolcadores, a ver quién cobraba menos, hay que recordar que el remolcador cobra una parte del precio de la carga, así el capitán, ese pobre hombre que ahora vemos en la sala de juicio con cara de anciano bonachón y lloroso, se dedicó durante unas horas muy largas a marear la perdíz, ¿no hay en el derecho marítimo mecanismos que obliguen a actuar de forma rápida?.

     El barco no resistió y se hundió, recuerdo al Sr. Mariano Rajoy, ministro del gobierno de la región, diciendo en rueda de prensa que sólo salían unos "hilillos como de plastilina", que la presión del agua a esas profundidades y con esa temperatura el petróleo se solidificaría. ¡MENTIRA!, porque se embadurnó de negro 2000 kilómetros de playas. Se hizo famoso el chapapote que dicen los gallegos, o como decían en la Cantabria de mis abuelos el galipó.


     Lo único que se salvó de toda esta crisis fue la respuesta que dio la ciudadanía, la montonera de personas que de forma voluntaria se presentó en Galicia (y en otras provincias de la costa cantábrica). Esto también creó un problema a la gestión, desde las administraciones que deberían de haberlos tratado como héroes, se dedicaron a denigrarlos, a marearlos, a no darles ni material. Estoy convencido que aunque el medio ambiente, la flora y la fauna marina y las economías de la gente que lo padeció se vieron gravemente afectados, hubo gente, siempre muy cerca del poder que hicieron su agosto en pleno invierno.


     Lo que no entiendo ni entenderé es que después de todo lo que pasó, el único procesado de la Administración sea el ex director general de la marina mercante y el capitán del barco, cuando es evidente que esos dos, aunque tengan su parte de culpa, por encima de ellos estaba el consejero de la Xunta, el ministro del ramo o el presidente de la nación y el armador que en definitiva eran los responsables finales.

     No entiendo que el ministro de los hilillos de platilina, ni ningún otro político dimitiera, mas al contrario, al Sr. Rajoy le premiaron digitalmente con la jefatura de su partido, que a la postre le ha deparado ser el primer presidente del gobierno al que se le han convocado 2 huelgas generales.

¡¡NUNCA MAIS!!

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